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Por qué pasar de 2 a 5 km puede cambiar muchos proyectos solares

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El autoconsumo colectivo acaba de recibir un impulso importante en España. Con el Real Decreto-ley 7/2026, la distancia máxima permitida entre el punto de generación y los consumidores asociados se amplía hasta 5 kilómetros para determinadas instalaciones fotovoltaicas.

Dicho de forma sencilla: ahora una instalación solar no tiene que estar tan cerca del consumidor como antes para poder formar parte de un esquema de autoconsumo compartido

De 2 a 5 km: más que una ampliación de distancia

Hasta ahora, una de las grandes limitaciones del autoconsumo colectivo era la proximidad. La instalación de generación debía estar a una distancia máxima de unos 2 kilómetros del punto de consumo, lo que dejaba fuera numerosos proyectos viables desde el punto de vista técnico, económico y social.

La nueva normativa amplía ese margen hasta los 5 kilómetros.

Esto significa que más viviendas, comunidades de propietarios, pequeños negocios, polígonos industriales y edificios públicos podrán participar en proyectos de autoconsumo colectivo aunque no tengan una instalación fotovoltaica justo al lado.

La diferencia es clara: con 2 km, muchos proyectos quedaban fuera por pura distancia. Con 5 km, el mapa de posibilidades se amplía.

¿Por qué es tan importante este cambio?

Porque no todos los consumidores tienen una cubierta adecuada para instalar placas solares.

Hay edificios con tejados pequeños, limitaciones técnicas, problemas estructurales o restricciones urbanísticas. También hay comunidades de vecinos que quieren participar en autoconsumo, pero no disponen de espacio suficiente para una instalación rentable.

Con el nuevo límite de 5 km, una instalación ubicada en una nave industrial, un suelo industrial o un espacio cercano puede servir para abastecer a consumidores situados en un radio mucho mayor.

Una oportunidad para comunidades solares y municipios

La ampliación a 5 km puede ser especialmente relevante para las comunidades solares. Estas iniciativas permiten que distintos consumidores se organicen para producir, compartir y gestionar energía renovable de forma local.

En la práctica, esto abre la puerta a modelos como:

  • Una cubierta industrial compartiendo energía con viviendas cercanas.
  • Una comunidad solar local aprovechando espacios que antes quedaban fuera por distancia.
  • Un polígono industrial organizando mejor su consumo renovable.
  • Comunidades de vecinos sin cubierta suficiente participando en una instalación próxima.