Del potencial a la realidad: el gran desafío del autoconsumo colectivo

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Columna de opinión

El reto de convertir el autoconsumo colectivo en una realidad

Infografía sobre energía solar compartida

Durante los últimos años hemos hablado mucho sobre el potencial del autoconsumo colectivo.

Hemos debatido sobre tecnología, rentabilidad, comunidades energéticas, ayudas públicas, cubiertas disponibles, reducción de emisiones o cambios normativos. Y todo ello ha sido necesario para demostrar que compartir energía es una alternativa viable.

Sin embargo, el sector está entrando en una nueva etapa.

Hoy el debate ya no debería centrarse únicamente en lo que podríamos hacer, sino en lo que realmente somos capaces de poner en marcha.

Porque potencial existe. Lo hay en miles de cubiertas industriales, en polígonos empresariales, en municipios con un importante tejido productivo y en empresas que buscan reducir su coste energético. Lo que sigue siendo mucho más difícil es convertir ese potencial en instalaciones funcionando y generando ahorro para decenas de consumidores.

Ese es, probablemente, el gran reto del autoconsumo colectivo.

El Real Decreto-ley 7/2026 amplía las posibilidades del modelo con medidas como el aumento del radio hasta los 5 kilómetros. Es un avance importante porque multiplica las opciones para desarrollar nuevas comunidades solares y permite llegar a muchas más empresas.

Comunidad solar de Soldelia en Tomelloso

Pero la experiencia demuestra que una oportunidad regulatoria no siempre se traduce automáticamente en un proyecto.

Entre una cubierta disponible y una comunidad solar operativa hay un proceso mucho más complejo de lo que suele imaginarse. Hay que identificar ubicaciones viables, comprobar que existe suficiente demanda cercana, analizar consumos, dimensionar correctamente la instalación, coordinar a todos los agentes implicados, tramitar la legalización, conectar la planta y acompañar a los consumidores durante toda la vida del proyecto.

Hay otro aspecto del que se habla poco y que, sin embargo, resulta decisivo: la confianza. El autoconsumo colectivo exige que empresas y propietarios de cubiertas apuesten por un proyecto a largo plazo. Para ello necesitan entender cómo funciona el modelo, qué compromisos asumen y qué beneficios pueden esperar durante toda la vida útil de la instalación. Cuando esa información no se explica con claridad, surgen dudas que retrasan o incluso frenan proyectos perfectamente viables. Por eso, además de diseñar buenas instalaciones, el sector tiene la responsabilidad de comunicar mejor y generar la seguridad necesaria para que cada vez más empresas den el paso.

No hablamos únicamente de buscar cubiertas e instalar paneles solares. Hay que ordenar un sistema en el que intervienen muchos factores.

Infografía del potencial a la realidad

El RDL 7/2026 amplía las posibilidades del autoconsumo colectivo. El verdadero reto comienza ahora: convertir ese potencial en instalaciones que funcionen de forma eficiente y sostenible.

Hablamos de coordinar personas, empresas, administraciones, distribuidoras y comercializadoras para que todo funcione de forma ordenada y genere confianza.

Y cuanto más crece el autoconsumo colectivo, más importante se vuelve esa capacidad de coordinación.